La leyenda del rock, Roger Waters, adaptó y grabó “The Soldier’s Tale” de Stravinsky, narrando él mismo este angustioso relato. Un cuento inquietante e implacablemente moderno, y a la vez, una pieza antibélica. A la venta el 26 de octubre de 2018 .

Cuando el diablo y el soldado pelean hacia el final de la sección inicial de The Soldier’s Tale de Stravinsky, si los oyentes tienen los oídos atentos, pueden llegar a sentir un miedo real y auténtico. Roger Waters expresa esta violenta disputa con tanta energía y furia, creando el clímax y enfureciéndose de tal manera, que de inmediato nos identificamos con el drama del hombre corriente que quiere demasiado y arriesga demasiado. En pocas palabras, esta estrella del rock es un narrador extraordinario; el fundador de Pink Floyd da vida a los tres roles de la pieza de Stravinsky: el soldado, el diablo y el narrador.

The Soldier’s Tale es un cuento inquietante e implacablemente moderno, y a la vez, una pieza antibélica. También marca un punto de inflexión en la obra de Stravinsky. Hacia 1917, el artista nacido en San Petersburgo ya era una estrella: llevaba años yendo a París, sus piezas de ballet habían causado sensación y había sido aclamado como pianista y director. Pero la Primera Guerra Mundial dejó su huella en el mundo de la música. Y fue entonces cuando Stravinsky escribió The Soldier’s Tale, cuyo título original es Histoire du Soldat. La pieza fue escrita para ser interpretada por una agrupación de siete músicos: violín, contrabajo, clarinete, fagot, trombón, percusión y una pequeña cornet à pistons que suele ser reemplazada por la trompeta. El resultado es un trabajo poco habitual que combina la idea de una vida interna extrema con una apasionante sensación de drama y expresividad.

Stravinsky siempre ha sido una figura cuestionada en el mundo de la música clásica. Era un compositor provocador. No solo el público lo consideraba indefectiblemente controvertido; varios pensadores experimentaban lo mismo. Adorno, por ejemplo, pensaba que era retrógrado a la vez que se sentía fascinado por él. Alrededor de 1917, Stravinsky ya había desarrollado todos los elementos distintivos de su estilo: una característica frugalidad melódica, experimentación con ritmos complejos y audacia armónica. Así y todo, en ningún momento abandonó el lenguaje de la música clásica.

Y aun así, pocas veces escuchamos The Soldier’s Tale, con la suerte de que ahora, y gracias al nuevo proyecto de Roger Waters, se redescubre un clásico moderno, un trabajo que —por su estructura particular de pieza para grupo de cámara, y narrador— es difícil ver en grandes teatros. The Soldier’s Tale podría definirse como el núcleo del periodo temprano de Stravinsky. En la tercera sección de la Primera Parte, por ejemplo, el compositor hace referencia a su propia obra La consagración de la primavera, a la vez que escuchamos ecos de Petrushka y El pájaro de fuego a lo largo de toda la pieza.

Las palabras son de Charles-Ferdinand Ramuz, que se inspiró en varios cuentos rusos cuando escribió la obra. El argumento es más o menos así: Un soldado tiene diez días de licencia (no se nos dice a qué ejército pertenece) y decide volver a su casa, tocando el violín de camino. Aparece el diablo y le ofrece un trato: cambiar el violín por un libro que lo hará rico. De hecho esto es lo que sucede, pero el hombre no encuentra la felicidad con el libro encantado.

Waters usa el acento británico deliberadamente, infundiendo a la narración un toque terrenal y original. El efecto es sorprendente: aquí tenemos a un simple soldado hablando con acento del sur de Inglaterra. Escuchamos a un artista hablar, alguien que trae consigo el escepticismo natural del que siempre tiene las de perder, pero que aun así cae en una trampa traicionera. Waters luego cambia casi de manera imperceptible a un tono narrativo marcadamente contenido, y una y otra vez conjura la figura del astuto diablo. Como narrador, trata el texto con total naturalidad, dándole mucha vida.

Este proyecto es más que una excursión al terreno del arte de gran nivel. Durante años, Roger Waters ha sido mucho más que solo el líder de Pink Floyd. Su primer trabajo fuera del mundo de la música rock fue la ópera Ça ira, que se interpretó por primera vez en 2005 y en la que se unen una sorprendente atonalidad con el Neoclasicismo en el estilo de un compositor como Benjamin Britten. Tanto aquí como en otros trabajos, está claro que Waters siente una afinidad especial con este periodo de la historia de la música cuando se trata de decidir qué tan atonal hacer su música. ¿Qué tal radical debería ser? ¿Y qué relación tiene con la tradición clásica y romántica? Esta es, probablemente, la pregunta más importante que la música progresiva debe hacerse hoy en día. Y también lo fue para Stravinsky cuando escribió The Soldier’s Tale.