El productor y guitarrista de figuras como Quique González o Coque Malla vuelca todo su talento en un álbum propio, donde encauza la sabiduría y experiencia musical cosechadas tras más de dos décadas en estudios de grabación y sobre los escenarios

Toni Brunet ha elegido ‘Algo sutil’ para dar a conocer su nuevo disco, 12 años después de su anterior trabajo como autor. Un ejemplo de todo lo aprendido al colaborar durante tanto tiempo con grandes compositores de este país. Así podría entenderse mejor el verso «todo lo vivido permanecerá sólo en tu cabeza como algo sutil», que Brunet canta con suavidad en el primer adelanto.

Al igual que en las nueve canciones que componen ‘Cómo aprender Judo’, Toni Brunet combina en ‘Algo sutil’ la faceta de autor, cantante principal y guitarrista con las tareas de producción y las mezclas. La delicadeza con solera de su voz queda mullida en una instrumentación que se atisba «como una bandada de ciervos encaminados a un río caudaloso». Así lo describe Raúl Bernal, teclista de un disco donde también destaca el nombre de Quique González como colaborador en una canción.

LA REBELIÓN INMÓVIL DE LAS CANCIONES POR RAÚL BERNAL

Cuenta la historia que Antonio Gamoneda aprendió a leer a los cinco años de edad con sólo un libro, el único poemario publicado de su padre fallecido: «Otra más alta vida» (1919). Gamoneda no sabía el significado de las palabras pero sí entendió íntimamente su musicalidad y eso le animó a su eterna relectura. En su memoria, con cierta niebla quizá, se recuerda leyendo una y otra vez todos los libros de la biblioteca de su progenitor, libros excelsos y algunos sin demasiada importancia y puede, es posible, que entre las Rimas y Leyendas o Los mártires del adulterio se encontrara uno con el título aproximado de Cómo aprender Judo.

Hacer canciones es como embarcar en el Pequod. Puede que en algún momento, entre crujido y crujido de maderas creas haber visto a lo lejos una montaña o una ballena blanca. Irás directo y a toda velocidad hasta el final del final y sólo en ese momento, te darás de bruces con la montaña o rozarás a tu ballena blanca. Por eso seguimos haciendo canciones, por eso embarcamos en el Pequod: «Sabemos que está ahí».

Toni Brunet es uno de esos músicos que se embarcaría una y mil veces aunque hubiera un temporal de mil demonios porque sabe que está ahí, sabe que existe y ha estado tan cerca como pocos o casi nadie. Sólo hay una constante en sus días: La búsqueda de la belleza, de la emoción y del disfrute. La libertad, al final. Es posible que sea el mejor músico con el que puedes tocar, él está diez compases por delante de cualquiera y entre las rendijas de las canciones ve más que los demás.

En su faceta compositiva, su música duerme en la misma habitación que la de Joe Henry o tal vez Blake Mills, su ambición por el sonido es desmesurada, una búsqueda constante donde siempre tiene alguna nueva puerta que abrir. Sus canciones tienen forma de exvotos, son esa calidez del instante efímero que se acerca a la eternidad, una conjunción bellísima de desasosiegos, una

búsqueda de paraguas como él mismo canta en su preciosa «Monumento» («…buscar un refugio, pasar unos días mirando los días pasar…») donde parece que puedes hundir la mano como en un saco de arroz. En «Algo sutil» se alarga esa sombra de permanecer, una constante en sus canciones, («…feliz, no proyectar, tan sólo estar aquí…») camuflada en una instrumentación que atisbo en mi imaginación como si fuese una bandada de ciervos encaminados a un río caudaloso. Canciones de amores y desafectos lentos como «Haz lo que puedas», «Consigna» , «La lluvia y nada más» o «Perros», mantienen la belleza volatinera de una luz a media tarde, con esas ansias de ser día y con esas ganas de ser noche.

El dúo con Quique González en «La primavera» es abiertamente emocionante, eterno a su manera, los silencios te conducen a aquella reflexión magnífica de Kurt Vonnegut: ¿Si alguien te dice «te amo» como si te apuntara con una pistola en la cabeza, qué responderías?

Siempre fantaseamos con que nuestros discos sean obras y no sólo discos pero para ello deben conjugarse aspectos como la aptitud, la destreza, la vocación, el oficio y la inspiración. A esta obra le sobran copiosamente.

Es posible que Toni nunca te lo cuente, es posible que haga como que no lo sabe pero guarda en algún lugar, onírico o real, escamas firmes de la ballena blanca.

QUIÉN ES TONI BRUNET

A quien se le pregunte si conoce a Toni Brunet, la respuesta probablemente debería ser ‘sí’. Quizá no lo conozca por su nombre (salvo cualquier músico de este país que se precie), pero sí por el sonido de su guitarra en los cuatro últimos discos de Quique González, a quien también acompaña en sus conciertos desde hace seis años. O por su aportación en discos de Coque Malla, Andrés Suárez, Carmen Boza, Zenet, Guada o Alberto & García.

Una guitarra que también ha acompañado tanto a referentes de la talla de Miguel Ríos como a artistas emergentes. Un músico al que han aplaudido miles de personas sobre algunos de los escenarios más importantes de España, pero también el reducido público del Café Madrid o el Café Berlín, donde la leyenda dice que tiene un taburete asignado de manera vitalicia.

Mallorquín de nacimiento y madrileño de adopción desde 2003, Toni Brunet se ha dejado madurar para lanzarse con el proyecto más personal de su larga trayectoria. Ahora puede hacer suyo el verso de ‘Mis ayeres muertos’ que ya cantó en el tributo a Rafael Berrio: «Todo lo he visto, de todo me acuerdo».